Linda esperaba su momento detrás de los barrotes de un frío chenil, donde no se dejó vencer por la tristeza ni la desesperanza. Sabía que se merecía una segunda oportunidad y que alguien iba a fijarse en ella, en esos ojitos vivos y despiertos.
Ahora, rescatada de la perrera, descansa feliz en su casa de acogida.
Es muy cariñosa, obediente, sabe pasear con la correa y es muy simpática, toda una princesita! espera poder compartir contigo el resto de su vida.
suerte preciosa, te lo mereces!